{"id":3607,"date":"2017-02-24T04:48:45","date_gmt":"2017-02-24T03:48:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.martinezdecarnero.com\/wordpress\/?p=3607"},"modified":"2017-02-24T05:24:08","modified_gmt":"2017-02-24T04:24:08","slug":"postmentiras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.martinezdecarnero.com\/wordpress\/postmentiras\/","title":{"rendered":"Postmentiras y verdades molestas"},"content":{"rendered":"<p>Signo de los tiempos. La postverdad es un neologismo aparentemente sin ant\u00f3nimo. Es tan dudoso, que resulta g\u00e9nero y ejemplo de la categor\u00eda que define. La palabra <em>postverdad<\/em> es una postverdad, un eufemismo que esconde una pr\u00e1ctica perversa de manipulaci\u00f3n que s\u00f3lo una sociedad que saca pecho con su hipocres\u00eda puede exhibir como medalla. Para mal de males, el mismo sistema que la ha engendrado intenta defenderse de ella para que la direccionalidad de su uso sea un\u00edvoca. Los aparatos de Estado parecen poseer plena impunidad para crear campa\u00f1as de prensa destinadas a sembrar dudas, a controlar la emotividad de sus ciudadanos, a valorar sus reacciones. A fin de cuentas, tememos la p\u00e9rdida de nuestra privacidad, pero acabamos regal\u00e1ndole toda la informaci\u00f3n que generamos sobre nosotros al primero que llega proponi\u00e9ndonos un juego, con el que al final sabremos que nuestro animal es el tigre o el leopardo. Mienten, nuestro animal es el asno. El valor, no s\u00f3lo comercial, sino tambi\u00e9n sociol\u00f3gico o estad\u00edstico de la intimidad que est\u00e1s regalando es mucho mayor de lo que imaginas.<\/p>\n<p>Pues bien, con la misma ligereza se trata como p\u00fablico todo aquello que se diga en una red social, como si no hubiera grados, como si la indiscreci\u00f3n no fuera de aquellos que esp\u00edan y controlan. As\u00ed, se pretende condenar por manifestaciones realizadas en medios cuya regulaci\u00f3n no ha llegado a\u00fan a definir claramente los l\u00edmites de lo p\u00fablico y lo privado, sin considerar ni el contexto ni la intencionalidad. Circunstancia que se abre a m\u00faltiples paradojas, ya que no todo se mide por el mismo rasero. Por ejemplo, nadie reconocer\u00eda como m\u00e9rito en una oposici\u00f3n un art\u00edculo publicado en un blog, por muy importante que fuera, aunque tratara con rigor de materias cient\u00edficas. S\u00ed lo har\u00eda si el mismo art\u00edculo se encontrara en una revista de reconocido factor de impacto. Elemental. En el primer caso no hay publicaci\u00f3n, es una iniciativa privada y personal. Su uso es regulable. Puede incluso estar en Internet y, dependiendo de c\u00f3mo se gestione el sitio en que se introduce, quedar excluido de los motores de b\u00fasqueda, limitando as\u00ed su acceso. Durante a\u00f1os, nada de esto le ha resultado claro a los usuarios y muchas de las herramientas a las que acced\u00edan ingenuamente, carec\u00edan de un control de tales funciones. Todo esto, no s\u00f3lo se ha empezado a regular tarde y mal, sino que para colmo se ha hecho de forma desproporcionada y retroactiva. Con un <em>modus operandi<\/em> marcado por patrones similares en todos los niveles, como ocurri\u00f3 con el cierre de Napster, o con aquella ciudadana estadounidense que fue noticia por una sanci\u00f3n ejemplar a causa de sus descargas ilegales. Los poderes tienen que recordar qui\u00e9n manda, con quien les conviene y cuando les conviene.<\/p>\n<p>Cualquier especialista en teor\u00eda de la comunicaci\u00f3n puede evaluar cient\u00edficamente los bajos niveles de objetividad en la informaci\u00f3n medi\u00e1tica actual. Aunque esta afirmaci\u00f3n se queda corta, es otro eufemismo. Estamos hablando de manipulaci\u00f3n sin pudor, en todos los medios y a todos los niveles. Si alguien tuviera que ejemplificar este tipo de pr\u00e1cticas, ya no habr\u00eda que irse a los textos de Rosenberg o a los preceptos de Goebbels. Estas t\u00e9cnicas son ya moneda de cambio. Esconder la mentira detr\u00e1s de la palabra nos lleva hacia una nueva era de postmentira, concepto que resulta m\u00e1s claro e intuitivo. Se llega a ella en medio de una lucha desigual. La tecnolog\u00eda puede defendernos para detectar cu\u00e1ndo aparece una informaci\u00f3n que no est\u00e1 contrastada por los medios. Pero de ah\u00ed a presuponer que la informaci\u00f3n acreditada sea garant\u00eda de par\u00e1metros\u00a0 fiables de verdad, media un abismo. Por supuesto, no soy partidario de una defensa con las mismas armas, aunque reconozco que en este juego no est\u00e1 mal que la informaci\u00f3n pierda credibilidad y se estimule el juicio cr\u00edtico. La atm\u00f3sfera adquiere tintes de distanciamiento brechtiano y no deja de tener su gracia. Sin embargo, el que sin ning\u00fan pudor me est\u00e9n intentando proteger aquellos de quienes llevo tiempo protegi\u00e9ndome para poder mantenerme informado de lo que sucede a mi alrededor, espero que quien me lea me disculpe, pero no deja de provocarme dudas muy l\u00edcitas. Ser\u00e1 porque nac\u00ed en una dictadura y por eso las verdades oficiales me gustan mucho menos que las verdades molestas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Signo de los tiempos. La postverdad es un neologismo aparentemente sin ant\u00f3nimo. Es tan dudoso, que resulta g\u00e9nero y ejemplo de la categor\u00eda que define. La palabra postverdad es una postverdad, un eufemismo que esconde una pr\u00e1ctica perversa de manipulaci\u00f3n que s\u00f3lo una sociedad que saca pecho con su hipocres\u00eda puede exhibir como medalla. 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