Otra apología del error

1 – Los laberintos de fractales

La política tiene privilegios de los que carece el ajedrez. Para que esta afirmación se entienda, tendré que explicar primero a los profanos en este juego lo que es un zugzwang. Se trata de una posición que en sí misma no presentaría desventajas, salvo por el hecho de que te toca mover. Empiezas a analizar y te das cuenta de que todas las opciones son malas, te hacen perder la partida. Te gustaría ceder el turno a tu adversario, pero las reglas te lo impiden. Sólo te queda la opción de elegir la jugada más complicada, la que genera más variables, y rezar para que tu adversario se equivoque.

Zugzwang significa en alemán «obligación de mover», de zug, jugada o movimiento de pieza, y zwang, coacción, obligatoriedad.
Zugzwang significa en alemán «obligación de mover», de zug, jugada o movimiento de pieza, y zwang, coacción, obligatoriedad.

Cuando en enero Rajoy decidió no mover ficha, se decantó por otro juego. Le tocaba a los demás interpretar si era lo obligado, como en el dominó, o de si se trataba de una retirada estratégica, como en el póquer. Se veía a la legua que la decisión era sabia. Dejaba a Pedro Sánchez mucho más en zugzwang de lo que las urnas lo habían hecho. Y, como mandan los cánones, éste se dedicó a enredar la partida, a remover lo más posible las piezas en el tablero. Todas las estrategias eran malas, por lo que servía la cosmética, incluso la mediática, para tratar de salir del atolladero.

En el ecuador de la campaña, antes de que no quedara más remedio que tratar de exprimir la baza del optimismo, sostuve que Unidos Podemos estaba en una lucha desigual y que lo aconsejable era tratar de apuntalar lo que se había conseguido. La sugerencia era buena, aunque el razonamiento era, en parte, malo. Suponía que la presión mediática estaba destinada no a ganar electores, sino a evitar ulteriores pérdidas. Los espacios televisivos y los de la prensa tradicional tienen el mismo defecto que las redes sociales: se han convertido en autorreferenciales. Por eso me pareció que había una barrera en el intento de ganar nuevos electores.

Sin embargo, lo que en realidad ocurre es que a España le han vuelto a crecer de otra forma las dos Españas. Ambas han encontrado su sitio y su discurso y ambas presentan la misma división e incluso la misma asimetría. Si en la España envejecida impera el neoliberalismo, en la joven lo hace su adversario. Todo depende de la cercanía o de la lejanía, del grado de exclusión o de inclusión en el engranaje. Y en este quiasmo, en este fractal laberíntico, es ahora imposible cambiar de dimensión sin que lo que hay a tu alrededor cambie a su vez, dejándote siempre en el mismo lugar.

Frente a la sabiduría de la quietud, propia también del cruel depredador agazapado, la joven ambición puede convertirse en energía malgastada cuando la tentación del doble o nada la guía. En un espacio político tan delicado, ya no se trata de suelos o techos. Aparte de otras causas que han condicionado los resultados negativamente, nadie puede alzar la cabeza en la nueva alternativa política reivindicando los propios galones. El asalto a los cielos también falló y lo hizo porque los equilibrios son precarios: lo que vas ganando por un lado, lo vas perdiendo por el otro. Sirve guerra de trincheras, hace falta consolidar espacios y adquirir mayor fidelidad de voto. El próximo zugzwang llegará solo, de la mano de las contradicciones entre lo prometido al pueblo y lo exigido por los poderes. Y si algo enseña el contemplar con estupor lo poco que cuenta la ética, es que no debemos temer el que un falso regeneracionismo legitime de nuevo las políticas neoliberales. La indignación crece en el bolsillo.

2 – Regreso al futuro

Sólo un breve apunte para concluir. Echenique acaba de solicitar la participación a todas las bases de Podemos para hacer un análisis de lo que no ha funcionado. Como en el caso de la campaña artística espontánea a favor de la candidatura de Manuela Carmena, lo importante, la propaganda, no es el resultado, que también ha de ser útil, sino el gesto en sí mismo. Podemos vuelve a sus orígenes, pero no desde la protesta, sino desde la participación ciudadana. Es lo que toca.

Por su parte, Garzón saca la energía necesaria para invitar a la reflexión sin tener que rendirse o dar marcha atrás: otra noticia significativa. Sabemos que con la actual ley electoral, el espacio político apenas da para tres partidos. Ciudadanos se queja y con razón; aunque esa razón se olvide de que el PCE e IU han sido desde la transición los verdaderos damnificados de esta injusticia. Conviene recordarlo.

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